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COLUMNA DE OPINIÓN: LA CALERA DURANTE LA PANDEMIA


El rol de la Cultura y las Artes




 Por: Osvaldo Angel Godoi
 Escritor

    Hace unos días nos enteramos a través de redes sociales que habían aprobado el presupuesto al Consejo Comunal de Cultura de Calera, lo que permitirá llevar a cabo un proyecto muy bien elaborado que involucra a un número importante de artistas locales, quienes realizarán talleres de gran calidad en beneficio directo de nuestra comuna. Un par de días después, en la misma red social se nos informa que nuevamente quedaba en suspenso el financiamiento. 

Recuerdo que hace más o menos seis años, la Municipalidad llamó escuetamente a los artistas locales a una reunión en conjunto con personeros del Consejo Regional de la Cultura y las Artes. Asistí como escritor y gestor cultural. Éramos un número muy reducido de artistas, lo que me llamó la atención, tratándose de algo de sumo interés para nuestro futuro. En dicha instancia, se nos solicitó una opinión personal sobre qué organismo debía hacerse cargo de la administración del área cultural de la comuna, en vista de la inminente puesta en marcha del Centro Cultural –hoy usado como estacionamiento–. Mi opinión, la que sigo manteniendo, fue que la Municipalidad debía crear el Departamento de Cultura, a través del cual planificar, coordinar y administrarlas actividades desarrolladas por los artistas locales, y en ningún caso se debería depositar esa gran responsabilidad en una empresa privada o corporación, que era una de las alternativas, lo que me parecía, y me parece, el colmo de la desfachatez neoliberal. Nada más nefasto que una entidad privada a cargo de recursos públicos. No puedo concebir que aún se insista en eso, y me sorprende más por el hecho de que el Consejo Comunal de Cultura, entidad creada por el propio municipio para resolver esa necesidad, se vea atado de manos, pese a tener dirigentes capacitados, profesionales que han elaborado un excelente plan anual de actividades, pensadas incluso en el contexto actual de la pandemia. 

¿Cuál es la razón por la cual se impide el desarrollo de estos proyectos que tanto necesita la comuna, sobre todo ahora? Espero que sea algo trascendente y no una mera actitud kafkiana, o peor aún, que el impedimento surja de una desconfianza o subestimación del cometido de nuestros dirigentes culturales, algo más o menos generalizado en Chile.

En relación a lo último, no sé en qué momento la sociedad comenzó a asociar a los artistas y representantes de la cultura con la negligencia, con la inoperancia e, incluso, con la irresponsabilidad. A priori ponen en duda nuestras capacidades organizativas. No está demás decir que, en este país, los artistas no sólo debemos perfeccionar nuestro arte, no solo debemos estudiar –ensayar, pintar, escribir, etc.–  una y otra vez, robando tiempo al tiempo, sino que además debemos ser gestores y administradores eficientes. Debemos tomar decisiones ejecutivas y fundamentar teórica y económicamente proyectos no menos complejos que nuestras labores artísticas, pues, lo que la gente ve, escucha o lee de nuestra producción cultural, es solo la punta del iceberg de un esfuerzo que pocos están dispuestos a realizar. 

La inmensa mayoría de las personas vinculadas de una u otra forma al rubro, debemos trabajar en empleos paralelos para financiar nuestras vidas, prosaicas, pero reales; hay que pagar servicios básicos, alimentos, vestuario, colegios y/o universidad (los que tenemos hijos), el CAE, y un etcétera idéntico al de todos los ciudadanos. La idea romántica, errada, del artista nihilista es de otra época. Hoy el compromiso es con la naturaleza, con la sociedad global, con la economía sustentable, y con el propio cuerpo como vínculo con el todo. La rebeldía del artista de hoy radica en el hecho mismo de crear arte en un mundo devastado.

El año 2018 la Ilustre Municipalidad de La Calera me otorgó un premio por mi importante aporte a través de la literatura, en el desarrollo de las Artes y la Cultura en la comuna (eso dice el premio). Fue una grata sorpresa, y, aunque no pude asistir (estaba en Santiago como expositor en un homenaje a la escritora y artista plástica Virginia Huneeus), lo acepté con alegría, pues, de algún modo sabía que aquellas palabras eran correctas. En ningún caso uno busca ese tipo de distinciones, pues lo que se busca con la realización de talleres gratuitos y entrega de conocimientos e información, no sólo es ayudar al florecimiento de nuevos artistas, en mi caso poetas y narradores, sino, sobre todo, se busca amigos que compartan esa pasión; que la literatura los motive a pensar su entorno y valorar aquello que los identifica. Es decir, se trata de hallar el sentido al mundo en que vivimos. Allí reside el rol de la Cultura y las Artes, sobre todo ahora; es una forma efectiva de nutrir el patrimonio espiritual de nuestra comunidad y de robustecer el imaginario colectivo, lo que se traduce en comprensión, no sólo del entorno inmediato, sino del otro, y donde hay comprensión hay empatía.

Los artistas no somos héroes ni mucho menos, y no estamos a la altura de los funcionarios de la salud. Dicho eso, me parece un hecho significativo que, para el cometido de ambos rubros, los gobernantes y dirigentes mundiales solo brinden aplausos al esfuerzo desplegado. Ellos, los funcionarios de la salud, merecen mucho más que aplausos; merecen un sitial preponderante en la futura reorganización estructural de la sociedad. Y nosotros, artistas y gestores culturales, tal vez merezcamos el beneficio de la duda; que al fin se nos tome en serio, como lo ha hecho recientemente la Organización Mundial de la Salud. Luego de analizar casi un millar de publicaciones científicas de todo el mundo, por primera vez la OMS ha llamado a los gobiernos y autoridades a aplicar políticas que mejoren la colaboración entre los sectores sanitario y artístico, pues,el estudio señala que las Artes brindan beneficios para la salud física y mental de las personas, ya sea por participar pasiva o activamente en alguna de las cinco categorías analizadas en el informe (Artes escénicas: música, danza, canto, teatro, cine; Artes visuales: artesanía, diseño, pintura, fotografía; Literatura: escritura, lectura, asistencia a festivales literarios; Cultura: visitas a museo, galerías, conciertos, teatro; y Artes en línea: animaciones, artes digitales, etc.).

Los recursos públicos destinados a nuestro sector siempre han sido escasos, por lo cual no me extraña el hecho de que hace unos días el gran actor Alfredo Castro en una entrevista a radio ADN haya criticado al gobierno por abrir fondos concursables para los artistas, los que serán entregados a partir de agosto. “Es un poquito antiético e inmoral que nos hagan pelear por unos fondos, cuando hay niños, familias y colegios que se sustentan con esta actividad”, dijo Castro en la entrevista. Es decir, mientras los propios artistas realizamos enormes esfuerzos subiendo a la web nuestro material de forma gratuita, o a bajo costo, para ayudar a reducir el estrés o los niveles de angustia de la población, desde el gobierno actúan como si el rol de las Artes y la Cultura en esta pandemia fuera un mero adorno, una manito de gato saludando desde el mostrador de un local comercial. Pero no es así, eso queda demostrado con el aporte que hace la industria cultural y de espectáculos al PIB, que se equipara al sector Agropecuario y supera a sectores como el de Pesca e incluso al de Tabaco y Bebidas. Quiero decir, nuestro sector involucra una gran fuerza laboral que no se está tomando en cuenta con la seriedad necesaria, tanto a nivel gubernamental como a nivel comunal, al menos en nuestro caso.

Tenemos creatividad, fuerza y convicción para enfrentar lo que está pasando, pero también es cierto que con la clausura de los centros de difusión cultural (teatros, cines, librerías, ferias, paseos culturales, circos, etc.) nuestras actividades han debido limitarse al mundo digital, transformándose de inmediato en un eje fundamental de la producción de contenidos, en su gran mayoría gratuitos. Es decir, “por amor al arte”, pese a que muchos hemos perdido nuestras fuentes de trabajo, y hemos debido aprender a lidiar con los toques de queda y la jibarización del presupuesto familiar. Nada muy lejano a la cotidianeidad que nos caracteriza, pero con el agravante de la cuarentena y la “desaceleración de la economía”, como dicen los tecnócratas, aunque estén recibiendo millonarias utilidades por sus acciones en empresas que al mismo tiempo despiden a sus trabajadores.

Desde el lado positivo, gracias a esta pandemia el mundo se ha dado cuenta que podemos vivir sin deportes masivos como el fútbol; que podemos vivir sin bótox y sin cirugías plásticas; pero es indiscutible que no podemos vivir sin un sistema de salud adecuado y sin las diversas formas de entretención. Ha quedado claro como el agua en los canales de Venecia. 

Calera es la ciudad del cemento, y un puerto seco, lo que implica que está compuesta mayoritariamente por obreros y comerciantes. ¿Bajo qué prisma se ha visto que la Cultura y las Artes no son una necesidad para todos ellos? Ya se ha dicho, es fundamental para la sociedad actual la inclusión de políticas culturales en beneficio de la salud de las personas. Por ello necesitamos que la administración municipal libere lo antes posible los recursos necesarios para la ejecución de los proyectos diseñados por la directiva del Consejo Comunal de Cultura de Calera, a mi juicio el ente más idóneo para resolver la actualidad y el futuro del sector en nuestra comunidad, porque ellos tienen lo que necesitamos: Una visión social de las necesidades, formativas o lúdicas, de nuestros pobladores, más allá de lo meramente empresarial. No necesitamos ingenieros comerciales; necesitamos personas que comprendan y empaticen con lo que hacemos, ¿y quién mejor que nuestros representantes del Consejo Comunal de Cultura?